Conciertos Monte do Gozo

Hay conciertos que no necesitan de grandes producciones ni efectos visuales porque las canciones son las únicas protagonistas. Y eso fue lo que pasó la pasada noche en el concierto que El Último de la Fila ofreció en el Monte do Gozo de Santiago de Compostela. Un concierto que tuvo su polémica antes de celebrarse por el cambio de ubicación del Estadio de Riazor, en el que tenía previsto celebrarse, al Monte do Gozo de Santiago de Compostela. Pero al final todos contentos, o casi todos, el Dépor ascendió y el concierto se celebró. Desde horas antes del inicio del concierto, miles de personas peregrinaban subiendo hacia el Monte do Gozo bajo un calor infernal, que se tornó en tormenta minutos antes de comenzar el concierto pero que se quedó en un pequeño chaparrón para refrescar el ambiente.

La explanada del recinto poco a poco se fue llenando con una mezcla de generaciones que no siempre coincide en un mismo sitio. Había mucho público de cincuenta y sesenta años, seguidores del grupo en los ochenta y noventa, pero también había un público más joven, que seguro que descubrieron a grupo por sus padres o hermanos mayores a través de algún vinilo o cassette perdido por la casa. A las 22:30 en punto las luces se apagaron y la histeria se encendió en un público que recibió con una increíble ovación primero a la banda y a los pocos segundos al dúo formado por Manolo García y Quimi Portet. Arrancaron con los inicios, con dos temas del grupo que fue el esqueleto sobre el que se cimentó El Último de la Fila, Los Burros, sonando la coreada «Huesos» y «Conflicto Armado» con el verso tan profético en estos tiempos de ‘conflicto armado en Irán, peligro según Radio Clash‘.

Manolo García con su pañuelo al cuello y unas gafas de sol que a los pocos minutos lanzó al público, acaparaba la mayor parte de las miradas, con Quimi Portet con su guitarra en un segundo plano como de costumbre. El enorme escenario incluía dos grandes pantallas a cada lado y otra en el fondo en la que se podían ver surrealistas imágenes del universo del grupo. Tras el inicio con los temas de Los Burros, Manolo García habló en gallego para agradecer a todo el público su presencia en el concierto para continuar con «Querida Milagros» y una gran «Mi Patria en Mis Zapatos», tras la cual fue Quimi Portet el que tomó la palabra para mostrar si gratitud al público.

El concierto dejó claro que las canciones de El Último de la Fila siguen siendo actuales y que envejecieron con un poso en el que no perdieron ni un ápice de emoción. Y así fueron sonando himnos como «Aviones Plateados», «El Loco de la Calle» o «Mar Antiguo». No podía faltar otro de los temas míticos de Los Burros «Disneylandia», con Manolo jugueteando sobre un pequeño sofá de ruedas. Y seguían cayendo clásicos, «Canta Por Mí», «Llanto de Pasión» o «Lápiz y Tinta», tras la que Manolo y Quimi quisieron dedicar el concierto a todos los pequeños ganaderos, agricultores, pescadores y pequeños autónomos en general que luchan duro cada día. Continuaron con «Sara» nombre de su hija que también participa en la banda como teclista y guitarrista, pero siempre en un segundo plano sin ni siquiera darse a conocer su parentesco. Una banda solvente que hizo que las canciones ganaran cuerpo con nuevos arreglos.

Después del tema «Dulces Sueños», adornada con chispas luminosas mientras sonaban solos de guitarra interpretados por los diferentes guitarristas, Manolo García anunció un parón de siete minutos para prepararse para los bises, momento que la gente aprovechó para ir a las barras y baños, mientras que las pantallas proyectaban entrevistas al grupo y viejas actuaciones de la época. Y así aparecieron de nuevo para apuntalar un concierto impresionante, comenzando los bises con «Ya no Danzo al Son de los Tambores» y «Los Ángeles no tienen Hélices». El éxtasis colectivo llegó con los primeros versos ‘me dices good bye en tu nota tan ricamente‘ de «Como un Burro Amarrado en la Puerta del Baile».

Y se llegaba al final con la inolvidable «Insurrección», cantada a viva voz por los miles de seguidores del grupo en un momento inolvidable. Manolo García se despedía pero la gente quería más y entonó el clásico mexicano «El Rey», tras la cual presentó a la banda y parecía no querer irse hablando con el público que pedía insistentemente que no se fueran todavía. Y para sorpresa de todos, antes de irse, volvieron a interpretar de nuevo una épica «Insurrección» que dejó satisfecho a un público insaciable.

Y así pasó un momento histórico, que todos esperaríamos que terminara con la vuelta del grupo para grabar nuevos temas. Aunque Manolo García tiene una solvente carrera en solitario, siempre sería un honor disfrutar de la unión de los dos talentos de Manolo y Quimi, sin duda uno de los dúos que marcó una página importante en la historia de la música española.

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