Crónica: @lachicaindiecool
El 17º Festival Ribeira Sacra celebró su décima edición, combinando música en directo, patrimonio, enoturismo y gastronomía en el incomparable corazón de la Ribeira Sacra, entre Lugo y Ourense. Un festival donde el paisaje no es un simple telón de fondo, sino un protagonista más de una experiencia que trasciende los conciertos.
La celebración arrancó con una de sus actividades más especiales: el viaje en catamarán por el Sil, acompañado por la sesión de Paula, nuestra pelirroja favorita, su set navegó con naturalidad entre artistas gallegos, del indie nacional e internacional y nombres como Rigoberta Bandini, Barry B o LOL, construyendo la banda sonora perfecta para una travesía entre cañones y viñedos.
Las Bodegas Regina Viarum volvieron a convertirse en uno de los escenarios más espectaculares del festival. Desde sus privilegiados miradores sobre los bancales de viñedo, el recinto se dividía en dos ambientes complementarios: una zona superior con propuestas gastronómicas y sesiones de DJ al ritmo de Isaac Pedrouzo y Paula Rivera y una zona inferior presidida por el escenario principal de Concertos do Xacobeo, además de puestos, merenderos y todos los servicios necesarios para disfrutar de una intensa jornada gastronómica musical.
La elegancia llegó de la mano de The Divine Comedy. La formación irlandesa, con siete músicos sobre el escenario, desplegó un repertorio donde el indie folk se vistió de sofisticación. Neil Hannon presentó a cada integrante sirviendo copas de vino, una puesta en escena cargada de ironía y distinción.
Canciones como “Normand and Norma “evidenciaron una banda perfectamente engrasada, con excelentes cambios de tonalidad, transiciones fluidas y arreglos que crecían progresivamente hasta desembocar en un tramo final mucho más bailable.
Los guiños a sonoridades noventeras y algunos momentos de improvisación terminaron por conquistar a un público entregado.
El relevo fue para los asturianos Puño Dragón, que avisaban entre risas antes de comenzar: «Esperamos estar a la altura».
Arrancaron con potencia, guitarras afiladas y una energía contagiosa sostenida por sus dos vocalistas (Rafa Tarsicio y Germán Mingote) aunque todos los integrantes participaron constantemente en los coros, reforzando ese carácter colectivo y divertido que caracteriza a la banda.
A lo largo del concierto fueron presentando uno a uno a sus músicos: Rubens Loro en los teclados, Erik Iglesias al bajo, y Manu Huertas a la batería.
Hubo espacio para estrenar el nuevo tema “SUUAVE,” la declaración sentimental de “Mierda, creo que te quiero”, además de un divertido homenaje a Los Rodríguez con “No estoy borracho”. El tramo final llegó con “Haré lo que pueda “y una celebrada “Agua de mayo”.
Uno de los sellos de identidad de Puño Dragón volvió a ser su constante complicidad con el público, enlazando guiños musicales que arrancaron carcajadas al reconocer referencias a Angel, Shakira o Los Lunnis al ritmo de “Los Puños nos vamos a la cama». Además, participaron en un formato mucho más íntimo dentro de la Experiencia 17º, ofreciendo un acústico maridado con la propuesta gastronómica del Restaurante Vértigo, distinguido con Estrella Michelin 2026.
El cierre del sábado quedó reservado para Sidonie, casi tres décadas después de su nacimiento.: Marc Ros, Axel Pi, Jes Senra y Edu presentaron las canciones de su último trabajo, “Catalan Graffiti”.
La banda desplegó su característico sentido del humor y una conexión permanente con los asistentes. Durante “Día de mierda” apareció la ya clásica conga de Sidonie sobrevolando al público, mientras los músicos intercambiaban instrumentos con absoluta naturalidad, reivindicando el directo como esencia de su propuesta.
Uno de los momentos más sorprendentes llegó con Jess Senra empuñando el sitar, recuperando las influencias psicodélicas que siempre han acompañado al grupo. Poco después abandonaron el escenario para interpretar un tema acústico en mitad del público, borrando cualquier distancia entre artistas y asistentes.
No faltaron clásicos como “El peor grupo del mundo” o “Fascinado”.
El broche definitivo llegó con “No salgo más”, mientras los fuegos artificiales iluminaban el cielo de la Ribeira Sacra y ponían el punto final a una jornada que volvió a demostrar que este festival crea experiencias donde música, vino y paisaje hacen un match perfecto.















