SonRías Baixas 2026

Crónica y Fotografías: @pglivemusic

El festival SonRías Baixas sigue demostrando que su mayor fortaleza es su identidad. Del 30 de julio al 1 de agosto, Bueu volvió a convertirse en uno de los grandes puntos de encuentro del verano gallego, reuniendo a miles de personas en un recinto donde la música, el buen ambiente y la cercanía siguen siendo las verdaderas protagonistas.

Con el mar a escasos metros, un recinto cómodo y una organización cada vez más consolidada, el festival volvió a ofrecer tres jornadas en las que convivieron artistas asentados en el panorama, bandas emergentes y sesiones para alargar la fiesta hasta bien entrada la madrugada.

La primera jornada arrancó con el concierto de Veintiuno, que fue el encargado de abrir el escenario principal. Su pop elegante y lleno de melodías pegadizas sirvió para que los primeros asistentes fueran entrando en calor mientras el recinto comenzaba a llenarse. Presentaron temas de su próximo trabajo y repasaron otros clásicos como Cabezabajo, Dopamina o La Vida Moderna.

Después llegó el turno de Juventude, que volvió a demostrar el compromiso del SonRías con la escena gallega. Su actuación conectó especialmente con el público local y mantuvo el buen ambiente de una tarde que iba ganando intensidad.

Uno de los momentos más esperados del jueves fue la actuación de Alcalá Norte. Aún con un solo disco y próximos a lanzar el segundo, la banda madrileña confirmó el gran momento que atraviesa con un directo contundente, guitarras afiladas y una actitud arrolladora. Con canciones como Calle Elfo o El Hombre Planeta, el público respondió desde el primer minuto, coreando buena parte del repertorio. Sin grandes artificios, el grupo demostró que sus canciones funcionan todavía mejor sobre un escenario y dejó claro que su Vida Cañón dentro del panorama nacional está más que justificada.

La noche terminó con la sesión de Hoonine, que transformó el recinto en una pista de baile gracias a una selección de electrónica y house que permitió despedir el primer día con un ambiente inmejorable.

El viernes ya presentaba un recinto completamente lleno y un ambiente que iba creciendo a medida que avanzaba la tarde. La jornada comenzó con Ulex y Chiquita Movida, encargados de romper el hielo con un directo fresco y desenfadado que animó rápidamente al público. 

Tras ellos fue el turno de Rager, que aportó una buena dosis de energía antes de dar paso a uno de los artistas más esperados del día: Barry B. El músico confirmó por qué es uno de los nombres con mayor proyección del panorama nacional. Su propuesta, que mezcla pop alternativo, electrónica e influencias urbanas, conectó de inmediato con el público. Barry B se mostró muy cómodo sobre el escenario y firmó un concierto dinámico, elegante y con una respuesta sobresaliente por parte de los asistentes, quienes pudieron disfrutar de su último single Silverado, así como canciones de sus anteriores discos Infancia Mal Calibrada y Chato.

La tarde continuó con Sobrezero, grupo emergente y en pleno auge, quienes mantuvieron la intensidad antes de la llegada de Ultraligera. La banda madrileña, en pleno Lapsus Tour, protagonizó uno de los conciertos más celebrados e impresionantes del festival. Con un sonido contundente, guitarras potentes y una puesta en escena con fuegos y luces, fue conquistando al público canción tras canción. Las primeras filas vivieron el concierto con una intensidad especial, confirmando el excelente momento creativo que atraviesa el grupo y consolidándolo como una de las grandes revelaciones del la música pop-rock nacional. No faltaron sus grandes himnos como Matanza en el Hotel o Tú no lo ves, así como otros adelantos de Lapsus, como Tu Problema o Cuando todo vaya mal, el tema más especial del setlist para Gisme, según sus palabras.

El relevo lo tomaría Kike Varela, preparando el ambiente para el gran cierre de la noche. Y entonces llegó Zahara Rave.

Lejos del formato tradicional de concierto, Zahara convirtió As Lagoas en una auténtica pista de baile al aire libre. Luces, visuales, bases electrónicas y una producción muy cuidada dieron forma a un espectáculo diferente, donde la artista llevó al público por un viaje continuo entre la electrónica, el techno y la reinterpretación de parte de su repertorio. La respuesta fue espectacular: miles de personas bailando hasta el último minuto en uno de los momentos más impactantes y originales de todo el festival. Fue un cierre vibrante que confirmó la capacidad de Zahara para reinventarse constantemente.

Por supuesto, no faltó la sesión vermú a cargo de las Cool Nenas y Quinkillada, quienes pusieron la alegría y la fiesta en el recinto en las horas previas a la comida.

Con la nostalgia de saber que era el último día, la tarde del sábado arrancó con Alizza, encargada de abrir la segunda parte del día marcada por los grandes nombres del cartel.

Después llegó Biznaga, que descargó toda su intensidad con un directo lleno de fuerza y actitud. Pogos, guitarras y un público completamente entregado acompañaron una de las actuaciones más enérgicas del fin de semana, defendiendo por todo lo alto su último álbum ¡AHORA!

El testigo pasó a Gara Durán, que mantuvo el nivel con su majestuosa voz antes de uno de los conciertos más esperados de toda la edición: La Maravillosa Orquesta del Alcohol.

La M.O.D.A. volvió a demostrar por qué es una de las mejores bandas de directo del país. Presentando San Felices, desde los primeros acordes consiguieron establecer una conexión inmediata con el público, que convirtieron canciones como himnos colectivos. La mezcla de folk, rock y emoción que caracteriza a la banda burgalesa volvió a funcionar a la perfección. Hubo momentos especialmente emotivos, como la invitación a su amigo Jacobo Brea a cantar “Los Lobos” como ocurrió hace poco en el festival OurenSound. Miles de voces cantando al unísono mientras el escenario transmitía una cercanía difícil de igualar. Fue, para muchos asistentes, el mejor concierto del festival.

Tras la intensidad emocional de los burgaleses, Mr. Kilombo aportó un ambiente mucho más relajado y festivo gracias a su habitual mezcla de ritmos mestizos y canciones optimistas que mantuvieron al público disfrutando sin bajar el ritmo.

La recta final quedó reservada para La Pegatina. Volvían a los escenarios tras su parón, y el recinto fue una auténtica fiesta. Su combinación de ska, rumba y rock volvió a demostrar que pocas bandas manejan tan bien la energía de un festival. Desde el primer tema consiguieron poner a saltar a miles de personas, encadenando clásicos que fueron coreados de principio a fin. Confeti, baile, sonrisas y un público completamente entregado hicieron de su actuación uno de los momentos más divertidos y celebrados del SonRías 2026.

La noche todavía guardaba dos últimos capítulos. Sonido Gallo Negro aportó su inconfundible mezcla de psicodelia, cumbia y sonidos latinoamericanos, prolongando el ambiente festivo con una propuesta diferente y muy bien recibida por quienes decidieron apurar las últimas horas del festival.

Finalmente, NDLR fue el encargado de bajar el telón. Su sesión puso el broche definitivo a tres días de música ininterrumpida, manteniendo al público bailando hasta el último instante y despidiendo una edición que volvió a dejar un excelente sabor de boca.

Más allá de los conciertos, el SonRías Baixas volvió a demostrar que su esencia sigue intacta. El entorno privilegiado de Bueu, la cercanía entre artistas y público, una organización cada vez más sólida y un cartel equilibrado entre grandes nombres y nuevas propuestas convierten al festival en una de las citas imprescindibles del verano gallego.

Tres días de música, reencuentros, descubrimientos y miles de personas compartiendo la misma pasión frente al mar. Porque en Bueu no solo se viene a ver conciertos; se viene a vivir un festival que, edición tras edición, sigue sonriendo con la misma autenticidad que el primer día.

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