Festival Ribeira Sacra

Crónica y Fotografías: @pglivemusic

El 17º Ribeira Sacra en su décima edición, celebrada del 24 al 26 de julio, volvió a demostrar que su principal atractivo no reside únicamente en el cartel, sino en la manera en la que consigue integrar música, patrimonio, gastronomía y naturaleza en uno de los escenarios más espectaculares de Galicia.

Con los impresionantes cañones del Sil como telón de fondo y las bodegas de la Ribeira Sacra convertidas en escenarios naturales, miles de asistentes disfrutaron de una experiencia muy diferente a la de un festival convencional. Aquí no existen las prisas ni las largas caminatas entre escenarios: el tiempo transcurre entre conciertos, paseos por viñedos, catas de vino, travesías en catamarán y una gastronomía que convierte cada parada en parte del viaje.

La primera gran jornada musical tuvo en el escenario de Bodegas Regina Viarum como primera protagonista a Mariagrep & Mundo Prestigio, una de las propuestas más sorprendentes del cartel, capaz de combinar frescura y personalidad en un directo que fue creciendo canción tras canción. La delicadeza de Anni B Sweet aportó el contrapunto más íntimo de la noche con adelantos de su próximo disco como Adiós con alegría, así como temas de sus anteriores trabajos como Buen Viaje o Tu Pelo de Flores. Su elegante repertorio permitió bajar revoluciones antes de que la energía regresara con una propuesta en la que la electrónica de raíz gallega de Baiuca volvió a confirmar por qué es uno de los proyectos más singulares del panorama nacional. Su mezcla de tradición, percusión y bases electrónicas conectó de inmediato con un público entregado que convirtió el viñedo en una auténtica pista de baile al aire libre.

El sábado mantuvo el nivel con una programación de enorme calidad. Los británicos The Divine Comedy, liderados por Neil Hannon, ofrecieron uno de esos conciertos que difícilmente se olvidan. Elegancia, ironía y una ejecución impecable hicieron de su actuación uno de los momentos más especiales del festival. Repasaron todo su repertorio con canciones como A Lady of a Certain Age, Our Mutual Friend o National Express, tema elegido para cerrar el show.

Después llegó el turno de los asturianos Puño Dragón, un grupo en plena efervescencia que aportó la dosis de rock alternativo y actitud, interactuando plenamente con el público, quien les devolvía el cariño coreando y cantando sus canciones más icónicas como Juegos Violentos o Haré lo que pueda. Además, nos regalaron un adelanto de su próximo disco, titulado “Suaave”, un derroche total de energía.

Los legendarios Sidonie pusieron el broche de oro a la noche. Los catalanes demostraron una vez más su enorme experiencia sobre los escenarios, alternando clásicos como Carreteras Infinitas, Maravilloso o El Peor Grupo del Mundo, con canciones de su nuevo trabajo en catalán “Catalan Graffiti” y consiguiendo que el público cantara prácticamente de principio a fin.

Uno de los grandes aciertos del 17º Ribeira Sacra sigue siendo su capacidad para ofrecer una experiencia completa. Durante todo el fin de semana, los asistentes pudieron disfrutar de actividades que van mucho más allá de la música: catas comentadas en bodegas, rutas por viñedos de viticultura heroica, paseos en catamarán por el río Sil y propuestas gastronómicas con el producto local como protagonista.

Esa combinación convierte al festival en una propuesta única dentro del calendario nacional, donde el territorio deja de ser un simple escenario para convertirse en el auténtico protagonista. Cada actividad invita a descubrir la riqueza cultural y paisajística de la Ribeira Sacra con un ritmo pausado y alejado de las aglomeraciones habituales de otros grandes eventos.

Mientras muchos festivales compiten por reunir los nombres más mediáticos, el 17º Ribeira Sacra continúa apostando por una filosofía diferente: aforos contenidos, localizaciones privilegiadas y una programación cuidadosamente diseñada para convivir con el entorno.

El resultado vuelve a ser un fin de semana donde la música se disfruta de otra manera. No importa si se trata de descubrir nuevos artistas, brindar con un vino de la denominación de origen o contemplar el atardecer sobre los cañones del Sil mientras comienza un concierto. Todo forma parte de una misma experiencia. Un lugar donde el paisaje suena tan fuerte como la música y donde cada edición deja la sensación de haber vivido algo irrepetible.

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