Festival Sonorama

Crónica: @lachicaindiecool

Una nueva edición de Sonorama Ribera, un festival que se define por ser familia, comunidad y una oportunidad para las nuevas bandas del panorama nacional que conviven durante varias jornadas con artistas y bandas ya consagradas.

 Su 29ª edición volvió a convertir Aranda de Duero en una enorme cadena humana de música, encuentros, recuerdos y descubrimientos. Cinco días en los que las plazas, las calles y los escenarios se llenaron de generaciones distintas, unidas por una misma idea; disfrutar de la música y hacer que las bandas, especialmente las emergentes, tengan un lugar donde crecer.

La edición arrancó con la primera rueda de prensa, protagonizada por Javier Ajenjo e Iván Ferreiro. Allí apareció una de las claves que atraviesan toda la historia reciente del festival: la capacidad de decir que sí. Sí a las bandas, sí a los proyectos, sí a quienes todavía están empezando. Ajenjo habló de esa suerte y de esa lucha constante que hace que el festival siga vivo. Iván Ferreiro, ya convertido en amigo, representa también esa relación que Sonorama ha construido con muchos artistas a lo largo de los años.

Después llegó la presentación oficial y, con ella, la sensación de que Aranda volvía a abrir sus puertas. Así lo explicó Antonio Linaje junto a Enrique Pascual y Javier Ajenjo, y para conseguir que Aranda se convierta en ese lugar al que todo el mundo quiere volver una vez al año, hay detrás una maquinaria enorme en la que los servicios municipales, equipos técnicos, los voluntari@s , la prensa, y  todas esas personas que trabajan lejos de los focos resultan imprescindibles.

La fiesta inaugural de disfraces puso el primer punto de color. Nat Simons encargada de inaugurar el Sonorama en el escenario principal Aranda de Duero con su último álbum “Pregúntale a Sarah Connor”, Tigre y Diamante y la banda Piti y me voy compartieron jornada con una programación que tuvo sobre los escenarios principales bandas como: León Benavente y su “Nueva Sinfonía sobre el caos”, el estilo inconfundible de Carlangas, Bebe e Iván Ferreiro con un público emocionado desde primera hora.

 Laia Alcolea llevó su proyecto que entremezcla la canción de autora, y la experimentación electrónica, presentando su EP “Piel”. El regreso de La pegatina y los himnos nostálgicos de La cabra mecánica.

Cinco escenarios en los que simultáneamente pudimos disfrutar de artistas como Whisky Caravan, Mafalda Cardenal, Tu Otra Bonita, Pablopablo, The Molotovs, Sofía Gabanna y Crystal Fighters fueron los encargados de cerrar esta primera jornada con miles de personas festejando e inaugurando un año más esta 29ª edición de Sonorama Ribera.

El jueves empezó a dibujar con más claridad el carácter de esta edición, en la Plaza del Trigo Vibra Mahou la banda Sobrezero, con Gerard de Éxtasis, y Las Petunias que llevaron al escenario una energía punk desenfadada y reivindicativa y Calequi y las Panteras. Entre canciones apareció también una reclamación muy concreta: “el tren directo para Aranda”.

Y entonces llegó una de las primeras sorpresas: Barry B, nacido y crecido en Aranda, regresaba a casa sin olvidar sus raíces. La asociación cultural Art de Troya, convirtió su actuación en algo todavía más especial y una bandera de Aranda recorrió el público del Trigo. No era solo un concierto: era pertenencia y la colaboración especial con Gara Durán emocionó a tod@s entre gritos y ovaciones constantes.

 En la Plaza de la Sal Vibra Mahou, con una intensa programación de sesiones DJ mientras que el Escenario Charco, Tiburona reivindicó la cultura, los pueblos y la cultura gratuita junto a otras bandas: Barbi Recanati, La Delio Valdez, Los Vinagres y la banda Mäbu con María y Txarlie.

 En el Picón las actuaciones de Vera Fauna, con su indie pop alternativo cargado de matices nostálgicos y poéticos, y Veintiuno, que invitó a Mai de Chica Sobresalto y fueron los protagonistas de la segunda y emocionante rueda de prensa.

El esperado concierto de una gran diva del pop, Rigoberta Bandini, con una emocionante interpretación de “Ay mamá “con su inminente embarazo.

Guitarricadelafuente aportó elegancia y una mezcla de flamenco, ritmos de reggaetón y guitarra española. “Agua y mezcal” convivió con una banda que amplificó esa mezcla y con un artista que no dejó de agradecer la acogida. También hubo espacio para el himno de Aranda y “Guantanamera”, “Tramuntana” terminó de vestir ese momento final.

Y después, Rusowsky. Las pelucas tomaron el poder y volvió a aparecer otra de las conexiones que atraviesan Sonorama: la relación con Aranda. Quintanar de la Sierra, su pueblo, estaba también presente, sin olvidarnos de la colaboración sorpresa, junto a Ralphie Choo para interpretar “Bby Romeo” con unas visuales y memes que metieron al público en el universo Rusowsky.

La fuerza de RVFV, junto a las actuaciones de We Are ScientistsNacho Vegas, Ángeles ToledanoPeces RarosKaravana, Ramoncín, la banda gallega OrtigaEgon SodaAle AcostaEl NidoValira completó una noche que volvió a dejar la extraordinaria diversidad musical latente en Sonorama Ribera.

El viernes comenzó a lo grande en la Plaza del Trigo Vibra Mahou con La Milagrosa, Fontán y Éxtasis antes de uno de los grandes momentos y sorpresas de la edición desde Cartagena: los Arde Bogotá.

Esta vez sin seudónimos. Volviendo a sus raíces y a uno de los lugares que les dio una oportunidad cuando todavía eran una banda emergente. El Trigo volvió a demostrar por qué es uno de los escenarios más especiales del festival. “Torre Picasso”, “Bigger Splash”, y “Los perros” formaron parte de una actuación que conectó pasado y presente y desataron la locura de los allí presentes.

Mientras en el Escenario Charco una programación con Alonso, la fuerza y presencia de Las Migas y Coti entre otros. Sin olvidarnos de la auténtica revolución en la Plaza de la Sal Vibra Mahou con Volavent, Nuevos Vicios, Nuevo Berlín y la energía rosa del DJ Mr Kitos.

La rueda de prensa de Love of Lesbian, marcada por un momento especialmente emotivo, la pérdida de la madre de Jordi, una frase que resume perfectamente la filosofía de este festival:  los festivales son las personas.

Santi Balmes explicó que estaban tocados. La emoción se instaló en el relato de una banda que también habló de Los llamados Gremmlins en la Plaza del Trigo: de ese sueño de tocar allí, reventarlo y seguir escalando y justamente ellos empezaron al revés.La historia del festival también se construye así, a base de nombres, oportunidades y escenarios. El repertorio es infinito y el cartel siempre tiene algo que descubrir.

La voz grave de Tara dejó otra de esas imágenes que se quedan y los recuerdos disfrazados de The Cure en la bodega, contando con Víctor Valiente a la guitarra en la actuación del Sonorama.

 Ángel Stanich, Carlos Ares puso a Galicia en el mapa con su grito. También pasaron por la jornada Carencias Afectivas, Hoonine, Memocracia, Alejo y Samuraï, que sorprendió versionando “Zorra” de Bad Gyal.

El fuego se apoderó del escenario cuando tocaron Sexy Zebras y el Picón se convirtió en un gran pogo, no faltó la frescura de Niña Polaca y la picaresca de Ladilla Rusa que invitaron a Eva Soriano para interpretar un tema convirtiéndose en “Ladilla Soriana”.

En el escenario Pork Lovers las actuaciones de Funambulista, Los Negativos, Depresión Sonora, Xavibo, Eladio y los Seres Queridos.

El sábado en la Plaza del Trigo Vibra Mahou, el Verbo Odiado, Oslo Ovnies y Modelo y una nueva sorpresa con los putos Sexy Zebras.

En el escenario Charco con Vangoura, Colectivo da Silva, Maruja Limón y la banda gallega De Ninghures. 

En la Plaza de la Sal Vibra Mahou la banda berciana Mazu junto a Ricardo Moya y La Juventud entre otros.

Pero la gran declaración de principios llegó con la última y emotiva rueda de prensa de la banda burgalesa La M.O.D.A.

“Una banda no puede ser grande si no se la quiere en su tierra. Las raíces también son cabezas de cartel” en palabras de Javier Ajenjo.

La frase podría resumir no solo su actuación, sino buena parte del espíritu de esta edición

Valeria Castro llevó “La raíz”, con guiños a Galicia, una segunda voz femenina y esa capacidad para hacer que una canción parezca crecer desde el escenario.

Kitai puso la electricidad y Belén Aguilera llegó con “Soledad”, la canción que dedica a su abuela y que adquirió una dimensión todavía más cercana por la relación de su familia con este pueblo y versionó “Como una ola”. Pop, danza contemporánea y un tono lírico, con una estética casi de hada y una banda femenina al completo que también dejó guiños a Moby.

Y entonces llegó una de las grandes actuaciones de Sonorama con La M.O.D.A.

“La vieja banda”, “San Felices” y “Alsa pa Madrid” repasaron una historia que comenzó en 2011, cuando tocaron por primera vez en Sonorama ante apenas 30 personas.

No faltó la colaboración con Marina y Teresa de Repion que abrieron el escenario Ribera de Duero tras una pequeña tormenta eléctrica que no empañó la jornada festivalera, y llegó “No te necesito para ser feliz”. Después, “Miraflores” y una reivindicación de las raíces y de la necesidad de poner medios para que no arda nuestra tierra. El acordeón acompañó el formato acústico.

La banda agradeció estar viviendo la mejor noche de sus vidas y dio las gracias a Sonorama. 

Los drones ya anticipaban que algo grande estaba a punto de ocurrir. Y entonces llegó otra leyenda, Leiva abrió una actuación que pasó por “La lluvia en los zapatos” y por muchos de los grandes temas de Pereza.

Hubo un aplauso para la Leiband y una respuesta del público basada en la lealtad y el cariño. Y hubo emoción de verdad cuando Leiva homenajeó a Robe. La pegatina en su guitarra anticipaba el gesto y la interpretación de “El hombre pájaro” terminó consiguiendo el respeto de todo el público.

Después la banda de Xoel López. Un artista cuya relación con Sonorama viene de lejos: 2001 fue su primer año y el festival ha seguido creciendo desde entonces. “Historia universal” y “Monstruo final”, formaron parte de una actuación que también conectaba con la memoria del festival.

Javier Ajenjo aprovechó para mirar hacia el futuro y anunciar a Puño Dragón que tocaron en el escenario Indexa, en el principal para el 30º Sonorama, junto a Siloé, pero no serían las últimas confirmaciones.

Ojete Calor puso el punto festivo con “Mocatriz”, junto a la actriz Blanca Suárez, y Marlena, The Rapants  la banda gallega hizo que explotara el escenario Porklovers, e invitaron a Nuno de Grande Amore a colaborar con ellos, Eme Dj fue la encargada de cerrar el festival.

El Picón reunió durante esta jornada a 40.000 asistentes. Pero todavía quedaba una carta escondida.

La sorpresa de la Plaza del Trigo Vibra Mahou del domingo tenía nombre propio: La M.O.D.A. Y una colaboración muy especial con Leiva para interpretar “Subiendo como el Chava Jiménez”. Un momento mágico que prolongó la sensación de que Sonorama no termina cuando acaba un concierto.

Hay una palabra que se repitió una y otra vez entre las bandas veteranas: casa. Aranda es casa, hogar y encuentro.

No fue un domingo cualquiera ya que bandas como Sarria, La Regadera y Niños Bravos resonaron en la Plaza del Trigo, convirtiéndose estos últimos en promesa de Ajenjo para tocar en el XXX aniversario en el escenario principal.

Y probablemente ahí está una de las claves de Sonorama. Un pueblo pequeño que apuesta por lo local, lo auténtico y por cuidar a la gente. Un festival que no necesita renunciar a su identidad para crecer.

Durante el día, las protagonistas fueron las plazas de Aranda: la Plaza de la Sal, la Plaza del Trigo y el Escenario Charco, situado en un entorno paradisíaco. El cartel era tan potente que las carreras entre escenarios resultaban inevitables. Había que correr para intentar llegar de un lado al otro mientras las charangas llenaban de vida las calles. Y entre concierto y concierto, la gastronomía también forma parte del festival: lechazo y vino de Ribera del Duero.

Sonorama tampoco entiende de compartimentos estancos. Hay bandas amigas, emergentes, formaciones femeninas y artistas de todos los géneros. Porque aquí no solo se escucha indie. Los melómanos también quieren abrir las orejas y dejarse atravesar por el flamenco contemporáneo de Las Migas, la rumba de Maruja Limón, el punk de Tiburona y la emoción y sensibilidad pop de Ona Mafalda.

Hasta hubo una réplica de “La casita” de Bad Bunny, reconvertida en instalación de Vibra Mahou, patrocinador oficial del festival.

La 29ª edición también estuvo marcada por los homenajes a quienes ya no están. Boini y Sandra, que se han ido del equipo, pero siguen cuidando desde arriba. Tara, Ángel Rocha y tantas personas que hicieron posible que esto exista. Los equipos al completo de Art de Troya, el Planeta Sonoro y Emerge con especial mención a Bea y a Tomás por su incansable labor durante estas intensas jornadas.

Sonorama sabe que detrás de cada gran concierto hay héroes y heroínas anónimos.

Y también sabe que la inclusión, las pantallas y lo humano pueden convivir con los grandes nombres. Que las medidas de accesibilidad pueden funcionar. Que un Escenario Baby y un escenario 5 pueden servir para dar espacio a bandas de Aranda de Duero. Que las emergentes no son un complemento del cartel: son su futuro.

La presencia gallega fue especialmente significativa: Iván Ferreiro, Xoel López, De Ninghures, Carlos Ares, Carlangas, León Benavente, Ortiga, Grande Amore y Eme Dj, encargada de clausurar esta edición junto a una intervención de Hostia Pedagógica y la divertidísima Gina Ginger.

Y sobre todo, esa mezcla generacional que convierte Sonorama en algo más que un festival, 150.000 personas pasan por Aranda. Son cinco días de festival y 365 días restantes en los que la ciudad sigue siendo la ciudad. Quizá por eso cada despedida duele tanto.Porque la vida es lo que pasa entre Sonorama y Sonorama.

Y cuando los drones escribieron en el cielo “Hay que quererse más”, el mensaje pareció resumir todo lo vivido: la música como encuentro, las raíces como futuro, los pueblos como espacios de cultura, las bandas como familia y el público como parte imprescindible de la historia.

Sonorama Ribera cumple 29 ediciones, pero sigue mirando hacia delante. A las bandas que empiezan. A los escenarios pequeños. A los artistas que un día tocarán para 30 personas y quizá algún día sean cabezas de cartel.

Porque si algo quedó claro durante esta edición es que Sonorama no quiere ser más grande por serlo. Quiere mantener su medida, cuidar a la gente y conseguir algo tan sencillo como difícil: que quien venga se marche feliz y quiera volver.