Mundo Prestigio conciertos

Crónica: Sergio Abreu

Siempre expectantes en un plano parcialmente discreto y viviendo sus vidas en un loco mundo de imaginario confeccionado por una amplia gama de samples que van desde el soul jazz hasta hip hop de la vieja escuela o unas influencias en su sonido tales como The Avalanches, J Dilla o Madlib; el pasado sábado los miembros constituyentes de Mundo Prestigio se presentaban ante las puertas de su propia ciudad solo un puñado de día después de haber lanzado su LP debut Eterna Constanza. El show fue en Mondo Club, a eso de las 21:30 de la noche me planté ahí y entré al lugar. Lo primero que observé fueron a diversas personas distribuidas por la sala en grupos de no más de cinco individuos aparte de una mesa con dos o tres camisetas colgadas sobre un lote de vinilos del nuevo LP. Durante el set también recuerdo haber escuchado algún que otro grito entre la multitud de algún tipo diciéndoles a sus amigos algo así, como «¡Esto es un temazo, hermano!» y a otro chico que directamente y frente a mí aprendió a bailar con lo que debió haber sido una especie de máquina de golpear topos a motor porque todo lo que hacía era subir y bajar.

Los instrumentistas lucían cómodos y levemente nerviosos cuando subieron al escenario en su estilo único de sinfonías que tras un par de conjeturas arrancó con los nuevos tracks Paxariños y Turututú dando paso casi de inmediato a la colaboradora Antia Van Weill entrando a escena como si se hubiese tratado de una noche en un club parisino en 1964, cual Brigitte Bardot deshilachando los compases de la pieza colaborativa Sensaciones con los cuatro músicos para luego proseguir el set con una maravillosa conjetura sonora titulada Personas transicionando de por medio con una escueta interpretación de The Message de los referentes del hip hop de antaño Grandmaster Flash & the Furious Five. Sentí que las cotas de animación de la multitud subieron un par de niveles en el momento en el que Cibrán (de Boyanka Kostova) apareció a escena para interpretar Gordo entre una muchedumbre dispuesta en su inmensidad a disfrutar de un mix de sonidos que se iban entremezclando sobre los dialectos del rapper compostelano, ¿qué queréis que os diga …? el tipo tiene talento.

Posteriormente, el deleite se tornó más sensorial llevando al público a un viaje espiritual con una nueva gema de sonido titulada Yisus, para que instantes después, y de manera liviana (ciertamente discreta) Carlangas hiciera acto de presencia para recitar los versos de Ruada tirando de barras y fluidez sobre un contenido lírico hipnótico actuando con desdeña y aplomo. Una breve inmersión apartada del álbum satisfizo a los más incondicionales siendo La Maison du Bonheur la sinergia perfecta entre hedonismo y sensorialidad. Luego, para mi sorpresa y disfrute se atrevieron a interpretar una leve versión del track de MF DOOM Coffin Nails enganchando directamente con una, también nueva canción titulada Visionz.

Ya al final y por encima de una construcción etérea de sonidos de saxofón y un ambiente picante de sonoridad espacial sonaron Hay cosas que se echan de menos y O Caseiro (otra vez con Cibrán) intercambiando tonalidades de teclas y vientos e impulsando la energía de la banda mientras el baterista mantenía unidas todas las melodías de la batalla de las cuatro piezas a base de grooves disfrutones y efectivos cerrando el set con la alegre O Dia Que Volvín Nacer con todos los colaboradores sobre las tablas del escenario y un público que comenzó a bailar salvajemente, casi iniciando el mosh pit más rítmico del mundo.

Definitivamente recomiendo ver a esta banda en directo si uno tiene la oportunidad de hacerlo. Puede que no estén reinventando el juego, pero ciertamente están encabezando una nueva era con numerosos colaboradores. Brais, Fer, Fiz y Ju son fenomenales y exactos en la música que hacen y todo se complementa rápidamente en algo importante para cualquier persona que se encuentre interesada o aprecie el tipo de cultura local más autentica.