Foto. Javier Iglesias
Crónica. Angie Brown
Martes: rock, actitud y descubrimientos
CA Vilar de Mouros 2026 echó a andar entre árboles, junto al río y bajo las luces del escenario, con una interesante combinación de grupos emergentes y nombres consolidados de la escena británica. Una primera jornada marcada por el rock, el punk y la experimentación, y que dejó claro desde el principio que en Vilar de Mouros hay espacio para propuestas muy diferentes.
El encargado de abrir la tarde fue el joven Tom A. Smith, considerado uno de los talentos emergentes de la escena británica. Llenó el escenario con un sonido enérgico, a medio camino entre el indie y el rock alternativo. Una buena carta de presentación para una edición que prometía guitarras y actitud.
A continuación llegaron The Molotovs. Los jovencísimos hermanos Cartlidge —Mathew, guitarra y voz, e Issey, al bajo— llegaban precedidos por una reputación construida a base de directos intensos y, desde luego, no defraudaron. Su actuación demostró que el relevo generacional del rock británico ya está aquí.
Con Lambrini Girls llegó el punk más directo, provocador y reivindicativo. Sus letras políticas y feministas, unidas a un directo especialmente intenso, convirtieron su actuación en una de las descargas más contundentes de la tarde. Las de Brighton no necesitaron demasiado para hacerse con un público que respondió desde los primeros compases.
La noche tomó un rumbo completamente diferente con Cabaret Voltaire, pioneros de la electrónica experimental, el industrial y el post-punk. Su propuesta, oscura y vanguardista, fue probablemente la apuesta más arriesgada de la jornada y, también nuestro gran descubrimiento de esta edición del festival. Una actuación de esas que obligan a salir de la zona de confort y que justifican, por sí solas, la apuesta por un cartel diverso.
Después llegó el turno de la misteriosa banda President —aunque quizá ya no tanto, tras los últimos rumores sobre la identidad de su cantante—. Oscuridad, contundencia y una estética muy marcada fueron sus principales argumentos. Con una puesta en escena casi teatral, máscara y esmoquin incluidos, la banda desplegó un potente sonido entre el hard rock y el metal alternativo que no dejó indiferente al público. La antesala perfecta para el colofón final.
Y entonces llegó el carismático Yungblud, dispuesto a demostrar que nada puede pararle. Con una pierna rota y acompañado por sus dos particulares enfermeras, el artista británico recorrió el escenario en muletas e incluso “se lanzó” a la multitud en silla de ruedas. Su mezcla de rock alternativo, pop-punk y provocación volvió a conectar de lleno con un público que no dejó de cantar y bailar durante todo el concierto.
El de Doncaster todavía tenía un último detalle reservado. Después de que sus fans coreasen su nombre al finalizar el show, bajó hasta la primera fila para saludarles. Se firmaron discos, camisetas y hasta la escayola de su pierna. Un cierre tan inesperado como cercano para una primera jornada que había dejado el listón alto.
Miércoles: pogos, himnos y una noche celta
El miércoles comienza fuerte —y temprano—. Los primeros pogos aparecieron de la mano de Grade 2, la banda de la Isla de Wight, que presentó su nuevo Talk About It ante los más madrugadores. Una dosis de energía para empezar el día y recordar que en un festival como Vilar de Mouros el horario no es excusa para quedarse en casa.
Ska, Funk, Grunge… todo cabe en Fishbone. Una de esas bandas difíciles de encerrar en una sola etiqueta, con un incombustible Angelo Moore al frente que, acompañado por los hermanos Fisher, terminó arrastrando al público. Y casi sin tiempo para bajar las pulsaciones, llegó Less Than Jake. La conexión entre ambas bandas veteranas funcionó a la perfección. Cada una a su manera, dejaron el terreno preparado para lo que estaba por venir.
Con varios discos de platino a sus espaldas, Ugly Kid Joe jugaba otra liga. Whitfield Crane levantó al público cantando desde la primera fila ya en los primeros temas del concierto. Hubo repertorio, entrega y actitud, aunque también quedó patente que los años pasan para todos.
Y entonces: Tick, Tick, Tick, Tick, Tick, Tick, Tick… Era la señal.
The Hives aparecieron con Pelle Almqvist dispuesto a hacer lo que mejor sabe: convertir un concierto de rock en un SHOW con mayúsculas. Siempre centrado en crear un diálogo permanente con el público, parecía que aquella noche el arranque se resistía. Costó unos minutos entrar en calor, pero ante las provocaciones de los suecos resulta prácticamente imposible no acabar saltando, sudando y gritando con Walk Idiot Walk, Hate to Say I Told You So y el resto de un repertorio plagado de hits.
Con los puños al aire, Dropkick Murphys cerraron el segundo día del festival. Música Folk-Punk celta con gaitas, banjos y acordeones: una combinación que solo podía funcionar a esa hora y en ese lugar.
Sorprendió especialmente la cantidad de camisetas de la banda repartidas entre un público de edades muy distintas. No era simplemente otra actuación del cartel. Para muchos, aquella noche llevaba tiempo marcada en el calendario.
Jueves: Manchester toma Vilar de Mouros
Nuestro último día en el festival —este año no pudimos completar las cinco jornadas— llegó con un marcado acento de Manchester. Las tres primeras bandas compartían procedencia y, aun con propuestas diferentes, tuvimos la sensación de estar asistiendo a la entrada de una nueva generación en la escena musical de la ciudad.
The Covasettes presentaron su recién estrenado Honeymoon Forever y protagonizaron además uno de esos momentos que no siempre se ven en un festival: se unieron al público para disfrutar de la actuación de sus vecinos, The Lilacs. También hubo tiempo para descubrir esos pequeños detalles que aparecen cuando uno se acerca a nuevas bandas: su nombre es un homenaje al centro médico donde trataron de cáncer a la madre de su guitarrista.
Tras dos pinceladas de indie aparece la voz de Alex Moore, al frente de The Lathums. Con The Great Escape llegaron por momentos ecos de The Smiths, llevándonos hacia el britpop más melódico de All My Life.
El toque de color lo puso Kula Shaker, llenando el recinto de una psicodelia que nos devolvió a los años 90, cuando fueron pioneros en mezclar instrumentos y sonidos tradicionales de la India —todavía desconocidos para buena parte del gran público— con elegantes guitarras.
Con Kaiser Chiefs teníamos una cuenta pendiente. La última vez que les vimos nos dejaron con la sensación de que faltaba algo más. Esta vez, sin embargo, no hubo lugar para la decepción. Ricky Wilson no permitió un segundo de respiro entre éxito y éxito: Every Day I Love You Less and Less, Never Miss a Beat, Ruby e incluso una versión de Ramones fueron desfilando ante un público completamente entregado. Pero nada comparable a la explosión final de I Predict a Riot, uno de los grandes momentos de la noche.
Y cuando parecía que ya nada podía mejorar, surgió de la nada un torbellino inglés envuelto en una capa azul.
Habían llegado Kasabian. Serge Pizzorno tomó el escenario y despejó cualquier tipo de duda: You’re in Love with a Psycho y Shoot the Runner podían sonar incluso mejor con sus nuevos Superpowers.
Llegaron los bises y, entonces sí, todo Vilar de Mouros cantó a una sola voz:
I’M ON FIIIIIIIIIIIRE.
Un festival sin etiquetas
CA Vilar de Mouros 2026 nos dejó una selección de bandas diversa y con personalidad, perfecta tanto para descubrir nuevos nombres como para reencontrarse con artistas consagrados, demostrando que en el festival más antiguo de la península conviven a la perfección diferentes generaciones, estilos y formas de entender la música.
¡Nos vemos en 2027!















