Loquillo en el Palacio de la Ópera

Fotos: Xesús Varela Santos
Crónica: Diana Varela Santos

El cantante de Clot llegó este sábado al Palacio de la Ópera en A Coruña para presentar el tour 30 años de Transgresiones. Con diez minutos de retraso y vestido completamente de negro el artista catalán comenzó su show con una espectacular puesta en escena, un escenario a cuatro alturas con plataformas semicirculares tapizadas a modo “chester” y un majestuoso juego de luces que transmitían elegancia y sobriedad.

La primera canción, con letra de Bernardo Atxaga fue “La vida que yo veo” y el recinto comenzó a latir a todo rock. “Transgresiones”, “De Amicitia” y “Cuando pienso en los viejos amigos” fueron las elegidas para proseguir con un espectacular recital en el cual Loquillo ha sabido ponerle riffs a poemas de Mario Benedetti, Julio Martínez Mesanza y Luis Alberto de Cuenca entre otros.

Llegó el turno de Charles Dickens “La historia de dos ciudades”, comentó el frontman antes de interpretarla y continuó el show con “Los gatos lo sabrán”.

La banda que acompaña en esta gira a Loquillo está integrada por Igor Paskual, Pablo Pérez y Josu García en guitarras, Laurent Castañer en batería, Germán San Martín al piano y acordeón, Alfonso Alcalá en bajo y contrabajo y Cristina Suey al violonchelo. Es digno de destacar el sonido pulcro que se puede escuchar en los directos del grupo sabiendo respetar con talento y sobriedad las canciones del artista.

Hay canciones que se graban en una época de tu vida pero que tienen sentido en otra‘, de Jaime Gil de Viedma, “No volveré a ser joven” comentó Loquillo. Continuó con “Brillar y brillar”, “La vida es de los que arriesgan” obras que pertenecen a Gabriel Sopeña y Juan Mari Montes respectivamente y “De tripas corazón” donde el artista dedicó unas palabras al gran Eduardo Aute, ‘le recuerdo por última vez en una coctelería en San Sebastián agotando todas las reservas y hablando de la vida, es todo un maestro para todos nosotros y le añoramos’, la emoción era latente en el respetable.

Le siguió “La mala reputación” de Georges Brassens, “Con elegancia” de Jacques Brel y “Cuando vivías en la Castellana”. Hubo transgresiones y poesía pero también algo de rock como “Rusty” con mención a Carlos Zanón.

Loquillo tuvo tiempo para desaparecer del escenario y dejar a la banda lucirse, pero también para pasearse por la platea y saludar de cerca, de bien cerca, a su público. Prosiguió el show con “Los buscadores” y “El hombre de negro” donde el público siguió el ritmo de la canción por primera vez.

Una hora y cincuenta minutos duró la puesta en escena de su más reciente trabajo, Transgresiones (Antología poética 1994-2024), que antaloga sus tres discos de poemas musicados, dividida en dos partes, más enérgica la segunda y más poética la primera. Quizá consciente de ello, al público le costó dejarse llevar y a menudo se escuchaban gritos reclamando éxitos como “Cadillac Solitario” .

“Voluntad de bien” de Sabino Méndez fue la elegida para finalizar el concierto de poesía. Para la interpretación de este himno, la banda abandonaba paulatinamente el escenario hasta que sólo quedó Laurent Castañer en batería y Loquillo para que el cierre del show fuera de leyenda y lo fué, porque a la gran mayoría de los allí presentes nos costaba asimilar que el show hubiese finalizado sin interpretar alguno de sus éxitos más emblemáticos.

Lo cierto es que Loquillo jamás se ha quedado estancado en su éxito, tranquilamente podría haber cantado sus hits, sin embargo la comodidad no va con él y como bien dice su tema, La vida es de los que arriesgan. Él lo ha hecho.

Hasta la próxima Loco.

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