Quique González en Ferrol

El cantautor madrileño regresaba a Galicia dentro de la gira de presentación de 1973, su último trabajo, un disco que mira hacia atrás sin nostalgia y que confirma el momento de madurez creativa que atraviesa el músico. Ante un auditorio prácticamente lleno, confirmó algo que ya no admite discusión, Quique González juega en una liga propia dentro del rock de autor estatal.

El artista ofreció una noche sin artificios donde las canciones respiraron despacio y el tiempo pareció detenerse durante las casi dos horas de concierto, comenzando contenido con los temas de su nuevo disco, «Santos» y «Flashes», para dejar paso al poso rockero de «Terciopelo Azul». El sonido del Auditorio de Ferrol, limpio y equilibrado, permitió apreciar todos los detalles musicales, con guitarras que dialogaban, un colchón de teclados envolventes y una sección rítmica que llevaba el compás con delicadeza. Era como estar en el sillón de tu casa disfrutando del sonido de un vinilo, un sonido limpio y orgánico que invadía cada rincón del Auditorio.

La conexión con el público ferrolano apareció pronto, sin necesidad de discursos largos, Quique González fue enlazando canciones, alternando material reciente con clásicos que ya pertenecen al imaginario colectivo del pop-rock español. Las composiciones del nuevo álbum encajaron con naturalidad en el repertorio, con un público especialmente atento, respetuoso hasta el silencio absoluto en los momentos más íntimos.

González, fiel a su estilo, evitó cualquier exceso escénico. Su presencia sigue basándose en lo esencial, canciones sólidas, interpretación honesta y una banda que entiende perfectamente el lenguaje emocional del repertorio. Banda formada por cuatro excelentes músicos, con Raúl Bernal a los teclados, hammond, wurlitzer, sintes, acordeón y cualquier instrumento de teclas que se le ponga por delante, su eterno Jacob Reguilón al bajo y contrabajo, Karlos Arancegui con su magistral toque a la bateria y un Toni Brunet que ponía el pulso rockero con su guitarra eléctrica. Una banda de lujo con la que Quique lleva varios años y que podría decirse que es de las mejores formaciones que tuvo y con la que se nota que se siente muy cómodo.

El equilibrio del setlist entre épocas fue acertadísimo, con los que los seguidores veteranos esperaban junto con alguna canción rescatada para la ocasión. Así sonaron «Salitre», «Clase Media», «Daiquiri Blues» o «Su día libre», y el tramo final del concierto elevó la intensidad emocional con el público ya completamente dentro del viaje. «Vidas Cruzadas», «Pequeño Rock and roll» y la despedida con la eterna «Conserjes de Noche», grabada a fuego en los corazones de los seguidores de Quique.

El paso de la gira 1973 por Ferrol confirmó que Quique González sigue siendo un artista ajeno a modas y algoritmos, con música hecha para los últimos coleccionistas en donde pesa más que la tendencia y los estímulos rápidos.

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