Crónica: Elena Núñez @jelenpritchard
Este sábado 14 de febrero, la sala Capitol de Santiago de Compostela celebró el primer día soleado en semanas en la ciudad con el regreso de Nacho Vegas. No era para menos, pues el cantautor asturiano no pisaba la capital gallega desde hacía ya siete años, cuando el Auditorio de Galicia acogió su “Violética” en febrero de 2019. En esta ocasión, lo hizo para ofrecer, ante un público santiagués expectante y que había agotado las entradas hacía semanas, una noche “semipreciosa”, como las “vidas” que dan título al álbum que publicó el pasado 23 de enero.
Poco después de las diez en punto de la noche, el escenario acogía la proyección de un vídeo que incluía imágenes de distintos pájaros en la naturaleza junto con otras de manifestaciones y protestas públicas, en referencia a las temáticas de la libertad y la lucha por la misma que protagonizan este nuevo disco. En medio de la oscuridad y con la música de fondo sin cesar, la banda salió por fin para entonar Alivio, el primer single del disco, y comenzó así un bolo que destacó por un inusual repertorio, que equilibraba el protagonismo de este nuevo proyecto del gijonés con la recuperación de otros grandes temas de su carrera que llevaban años ausentes de sus directos.
Este detalle se notó con la elección de la siguiente canción, La plaza de la soledá, rescatada de su segundo álbum en solitario y acompañada por un Joseba Irazoki brillante a la guitarra eléctrica. El resto de la banda la componían los también habituales Hans Laguna al bajo, Manu Molina a la batería y Ferrán Resines al teclado y coros, así como la nueva incorporación para esta gira de Miren Narbiza a la guitarra y segundas voces. Y a todos ellos los lideraba un Nacho Vegas tan solemne como siempre, aportando los toques justos de emoción y actitud que tanto caracterizan a sus conciertos.
El viaje al pasado del artista que encabezó el setlist lo completaron las también míticas Nuevos planes, idénticas estrategias y Crujidos, ambas coreadas a pleno pulmón por los fans más veteranos de la sala. Para cuando llegó Fíu, canción extraída de este reciente disco y dedicada a la madre del cantautor, el público compostelano se había entregado ya por completo a la música, entonando con orgullo los comprometidos versos finales que rezaban: “Soy hijo de Cristina Vegas, antifascista”.
Llegó entonces el primer interludio del concierto, incluido también en la lista de temas original de “Vidas semipreciosas”: unas declaraciones de Javitxu Aijón, uno de los seis jóvenes de Zaragoza detenidos en una manifestación contra la extrema derecha en 2019. La noche reflejó en numerosas ocasiones el sentir de esta nueva propuesta del compositor, que en los últimos años ha ido llevando sus cantares cada vez más al terreno de lo político y lo reivindicativo sin medias tintas, y temas como la libertad de expresión y la belleza de lo cotidiano se palparon en momentos como la ocurrente Deslenguarte -con Irazoki supliendo con creces el papel de Albert Pla- o la sutil y emotiva Los asombros.
Les ales y la reconocida La gran broma final, en la que se lució ahora Narbiza a la segunda voz, completaron este primer bloque del concierto, continuando con la dinámica que alternaba nuevas y antiguas canciones. El segundo interludio lo protagonizaba Adur Ramírez, uno de los jóvenes encarcelados tras el caso Altsasu, y sus palabras daban paso a una versión especialmente desgarradora de Morir o matar, tras la que se pudo ver al artista gijonés claramente emocionado. De la mano de este oscuro tema de “El manifiesto desastre” (2008), el concierto había alcanzado su punto álgido de sentimiento tanto sobre el escenario como ante él, y comenzaba a dar paso a su recta final.
Antes de la última parte del repertorio, Vegas continuó con la misma fórmula y dedicó algo más de tiempo al nuevo disco, para a continuación volver a retomar otras olvidadas de su discografía. Tras presentar a sus compañeros y destacar el origen de cada uno de ellos, bromeando con el hecho de no contar entre sus filas con ningún gallego, llegó el momento de los últimos temas antes de un breve descanso de la banda. La también antifascista Tiempos de lobos y el último single del álbum Mi pequeña bestia se conjugaron con la anterior A ver la ballena, introducida por un pequeño gag en que el artista simulaba leer la historia que narra su letra de un periódico real. La rencorosa Bravo, reconquistada del magistral “El tiempo de las cerezas” que el gijonés firmó en 2006 junto con Enrique Bunbury, cerró este bloque dejando los nervios a flor de piel para el cierre de concierto.
Tras el receso, un último fragmento de vídeo tradujo las palabras de Anna Gabriel, diputada de la CUP exiliada en suiza tras el procés independentista catalán. Al regreso, Nacho Vegas quiso tomarse unos instantes para contextualizar las distintas intervenciones y hacer un último alegato sobre la importancia de recordar “a los presos políticos del Estado español”. El cantautor, recogiendo el espíritu de las declaraciones de la política, centradas en la importancia revolucionaria del amor, interpretó entonces con sensibilidad Ser árbol a la guitarra acústica, seguida por una Seis pardales que no abandonó el tono reivindicativo y puso a toda la Capitol a cantar en asturianu por la libertad de las seis sindicalistas gijonesas de La Suiza.
Pero no terminó ahí la noche, pues el artista tenía una gran sorpresa preparada para Santiago. Buscando solucionar la mencionada falta de gallegos sobre el escenario, Vegas invitó a su amigo y excompañero de banda Abraham Boba, líder de León Benavente, para interpretar en conjunto el último tema de la noche, La pena y la nada, regalando ambos un momento tan dramático como de pura celebración rockera ante la que el público se dejó llevar en volandas.
Un cierre redondo para un bolo en el que este extraordinario compositor volvió a erigirse como tal gracias a una puesta en escena y un repertorio centrado en su punto fuerte: el cuidado a la emoción en sus letras. En definitiva, una noche que alcanzó un ambiente mágico y semiprecioso, fruto de la mezcla entre ternura y reivindicación que tan bien vienen encarnando las últimas andaduras de su carrera.













