Crónica: @lachicaindiecool
Diez años después de su nacimiento conocido en su origen como Festival do Norte, Atlantic Fest se ha convertido en un referente de la música indie en Galicia.
Del 17 al 19 de julio, Vilagarcía de Arousa volvió a convertirse, en el refugio estival de la música alternativa, y nada más llegar a Praia da Concha, una gigantesca marioneta femenina te daba la calurosa bienvenida.
Con más de 21.500 asistentes a lo largo de sus tres jornadas, en las que la música y el buen ambiente conjugaron a la perfección y crearon sinergias entre los asistentes, acompañados de los atardeceres que refuerzan la magia de este festival.
El viernes comenzó con un guiño a los orígenes del indie gallego. Nadadora y Triángulo de Amor Bizarro, dos bandas imprescindibles para entender las dos últimas décadas de la música independiente en Galicia, fueron las encargadas de abrir el festival. Los primeros apostaron por la sensibilidad y las melodías íntimas que siempre han definido su sonido, tras su esperada vuelta con nuevo álbum bajo el brazo “Mañana y siempre”.
Mientras que los de Boiro, volvieron a demostrar por qué siguen siendo una referencia cuando las guitarras se vuelven abrasivas. “Sacrificio” y “Mi catedral”, interpretadas mientras el sol desaparecía sobre la ría.
La gran expectación del día estaba puesta en Carolina Durante, respondió con uno de los conciertos más especiales de la gira de “Elige tu propia aventura”.
Diego Ibáñez volvió a desafiar cualquier limitación física para defender un repertorio que pasó por “Joderse la vida”, “Misil”, «Dios Plan” o la propia “Elige tu propia aventura”. En uno de los momentos más comentados, el cantante se preparó un café sobre el escenario, antes de atacar una de las canciones más crudas del repertorio.
Pero el concierto fue mucho más que una sucesión de himnos generacionales. La banda decidió convertir la actuación en una especie de live session, rodeándose de un trío de cuerda y trompeta y contar en los teclados con Banin, un exmiembro de Los Planetas.
El resultado elevó muchas de las canciones a una dimensión diferente, con constantes referencias a Madrid como telón de fondo hasta desembocar en una emocionante interpretación de “Yo pensaba que me había tocado Dios”.
La noche terminó con la elegancia de Two Door Cinema Club. Quince años después de la publicación de su álbum debut, los norirlandeses mantienen intacta su capacidad para fabricar himnos bailables con un sonido impecable. “Wonderful Life “y, sobre todo, “What You Know” confirmaron que hay canciones destinadas a sobrevivir al paso del tiempo.
Entre actuaciones, Grande Osso mantuvo la pista en movimiento con una sesión donde convivieron MGMT, Shinova, The Rapants y muchos de los clásicos que forman parte de la banda sonora de cualquier amante del indie.
Divertidos, transgresores, cercanos y muy muy animados, mantuvieron el espíritu alegre del festival acorde con las bandas que tocaban en cada momento.
El sábado arrancó con las actuaciones de Alonso, y Nacho Vegas y su último álbum “Vidas semipreciosas”, contó con una colaboración sorpresa junto a Abraham Boba.
Depresión Sonora, una de las voces más reconocibles de la nueva ola. Entre riffs de guitarra y sintetizadores, Marcos Crespo, desplegó un repertorio de melodías oscuras y pegadizas que conecta tanto con el universo de La Milagrosa como con el de Alcalá Norte, pero marcando su propio estilo.
Cercano y carismático, resumió el espíritu de su generación con un espontáneo «al final todos somos pobres» antes de reconocer el privilegio que suponía tocar frente al mar. “Apocalipsis Virtual” o el demoledor «Ya no hay verano» encontraron un público completamente entregado.
Sin bajar la intensidad llegaron los británicos Shame, que ofrecieron una auténtica descarga de punk contemporáneo. Sin concesiones, sin pausas y con una energía desbordante, los londinenses firmaron uno de los directos más contundentes del fin de semana al grito de “Shame Shame other fuck name”.
Uno de los momentos más interesantes fuera de los escenarios fue la charla moderada por el periodista Javier Becerra, en la que participaron miembros de Nadadora y Triángulo de Amor Bizarro. El encuentro sirvió para reflexionar sobre la historia del indie en España, reivindicar la música como refugio durante los años ochenta y noventa.
También quedó sobre la mesa una sensación compartida: la escasa presencia que el indie gallego sigue teniendo en muchos relatos oficiales sobre aquel movimiento.
Con el recinto completamente lleno apareció Carlos Ares, profeta en su tierra. Rodeado por una banda de siete músicos, cencerros, percusiones y una escenografía ritual acorde con la vestimenta, presentó las canciones de “La boca del lobo” con una precisión instrumental admirable.
Folk, pop y raíces atlánticas convivieron con naturalidad en uno de los conciertos más elegantes del festival, confirmando el gran momento creativo que atraviesa el músico.
Después llegaron Los Planetas, fieles a un repertorio prácticamente inalterable, aunque reforzado en esta ocasión por un instrumentista adicional y un cuidado despliegue visual que aportó nuevos matices a un directo convertido ya en tradición.
Y cuando parecía difícil elevar aún más el listón apareció Franz Ferdinand. Los escoceses demostraron que siguen siendo una máquina infalible sobre el escenario.
Cada riff encontraba respuesta inmediata en el público y canciones como “Walk Away” que continúa siendo una colección de clásicos del rock de baile. El sentimiento general al terminar era unánime: fucking amazing.
El domingo comenzó en la Praza do Castro con Aiko el Grupo, que volvió a confirmar el excelente estado de salud del nuevo indie guitarrero. Un concierto fresco, espontáneo y lleno de personalidad. Hubo adelantos del próximo disco como “Modo Sigilo”, la primera balada de su nueva etapa, “¿Por qué?”, alguna versión y una intensa interpretación de “Oda a la muerte de nuestro amor”, que terminó creciendo hasta abrazar el punk más ruidoso.
El cierre festivo lo puso Joe Crepúsculo, siempre dispuesto a convertir cualquier escenario en una pista de baile donde el pop, la electrónica y el humor conviven sin complejos.
Diez años después, Atlantic Fest sigue demostrando que su principal atractivo no está únicamente en el cartel.
Está en la escala humana del festival, en la posibilidad de pasar de un concierto a una charla sobre la historia del indie, de descubrir nuevas bandas frente al mar o de reencontrarse con artistas que forman parte de la memoria colectiva de toda una generación.
Un aniversario que no miró únicamente al pasado, sino que confirmó que el futuro del festival sigue escribiéndose con acento atlántico donde la música, el ambiente y la calidad de l@s asistentes priman por encima de los números.















