Sabina en A Coruña

Fotografías: María Simón

La ciudad de A Coruña se convirtió en puerto y refugio para Joaquín Sabina en su gira de despedida. El Coliseum, lleno hasta el último rincón, respiraba esa mezcla de nostalgia y gratitud que solo se reserva a los artistas que han escrito parte de la memoria colectiva. No fue un concierto más, fue un capítulo con nombre propio dentro del viaje final de un trovador y truhán que, aunque cansado, todavía sabe cómo prender fuego a un escenario con apenas una mirada, un chiste al vuelo y unos versos cargados de vida.

El reloj marcaba las nueve en punto cuando apareció, sombrero calado y paso lento, mientras que en las pantallas se proyectaba el vídeo del tema «El Último Vals», arropado por su banda de siempre. No necesitó presentaciones, arrancó con «Lágrimas de Marmol» y el Coliseum se vino abajo, consciente de que cada palabra sonaba a confesión y despedida. Su voz, cada vez más grave y quebrada, que suena a historias vividas que la hace más verdadera. Con un ‘boas noites Coruña, boas noites miña terra galega‘ hizo explotar al Coliseum en una tremenda ovación.

La noche fue un repaso a su cancionero esencial, sonaron «19 días y 500 noches», «Y nos dieron las diez», «Peces de ciudad», «Y sin embargo», y nos llevó a través de «La Calle Melancolía» a pasear por el «Boulevard de los Sueños Rotos». Y en «Contigo», miles de parejas se miraban a los ojos mientras coreaban ese ‘si me das a elegir’ que sigue sonando a promesa eterna.

Entre canción y canción, Sabina no perdió la costumbre de improvisar discursos a medio camino entre el humor negro y la ternura. Pero lo que convirtió esta cita en especial no fue solo el repertorio, sino el aire de complicidad que se respiraba con la certeza de que, aunque fuera el último encuentro, no había espacio para la tristeza sino para brindar por lo vivido.

Dejó espacio para sus grandes músicos con una impresionante Mara Barros a la voz que interpretó «Y Si Amanece Por Fin» y tuvo su gran momento en la copla de «Y Sin Embargo Te Quiero» que dejó sin palabras al público. El guitarrista Jaime Asúa se encargó del rock and roll de «Pacto Entre Caballeros» y su inseparable Antonio García de Diego interpretó «La canción más hermosa del mundo». Unos momentos que le dieron un pequeño descanso al maestro que encaraba con más ganas la recta final del concierto.

El cierre llegó con «Contigo» y una celebrada y festiva «Princesa». Mientras sonaba «La Canción de los Buenos Borrachos», de pie, con lágrimas y sonrisas mezcladas, el Coliseum despidió a un Sabina emocionado y con los ojos humedecidos como a un viejo amigo que emprende un viaje sin fecha de regreso.

Quizá A Coruña no vuelva a verlo sobre un escenario, pero sus canciones seguirán cantándose en bares, en coches, en plazas y en la memoria de quienes llenaron el Coliseum como quien llena un puerto para despedir a un marinero que se va ‘Tan joven y tan Viejo…Like a Rolling Stone…

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