Crónica: Sergio Abreu
Una energía cruda y analógica vislumbró la compostelana sala Capit0l este miércoles, en la segunda parada de su gira en su paso por España y de la mano de SON Estrella Galicia recalaban en Santiago de Compostela Altın Gün, embajadores globales turco- neerlandeses del folclore anatolio.
Un grupo afincado en Ámsterdam que lleva desde 2016 reclutando a fieles adeptos en diversos puntos geográficos del globo gracias a su labor de versionar canciones tradicionales turcas lejos de los límites del estrecho del Bósforo, convergiendo sus matices en estilo hacia una densa mezcla de ejercicios psicodélicos alucinantes que fusionan ritmos de la vieja escuela de Oriente Medio con sonidos hipnóticos y sintetizadores vintage como si fuera lo más natural del mundo. Manteniéndose fieles a sus raíces y siendo siervos de una tradición musical ancestral que hace a su música poseedora de una precisión impecable que bien se podría esperar de un puñado de músicos de sesión de primer nivel.
Ya habiendo entrado al concierto os diría que de lo que más pude disfrutar fue la compenetración de la banda sin llegar a sonar rígida, haciendo serpentear sus líneas de bağlama y guitarra alrededor del bajo como si de un guion teatral se tratara. Es música que se respira, los teclados brillan y punzan con intención y los grooves suenan implacables pero pacientes, nunca apresurados, siempre invitando al individuo a sumergirse algo más en el trance.
El repertorio del set constó en gran parte de las reinterpretaciones de las composiciones del músico y poeta turco Neşet Ertaş, inspiración bárdica detrás de Garip, último álbum de la agrupación, cuya sombra todavía es alargada en el folclore de Turquía. Pero más allá de eso, cada tema tuvo su propio cuerpo y la fluidez del directo fue impecable, Gonul Dagi ya nos enganchó a todos al instante al igual que una pegadiza versión de Neredasin Sen, una popular canción folclórica de las regiones anatolias colindantes al Mar Egeo. Poco después también pudieron revisitar también su single Vay Dünya (originalmente de Sadık Doğanay) sonando fresco, potente e increíblemente divertido, con unas cotas rítmicas que lograron imponer un boogie generalizado en toda la sala resultando en algo profundamente arraigado, pero a la vez vibrante y presente, como una fiesta de baile en un bucle temporal.
La banda mantuvo una energía contagiosa desde nuevas piezas como la tripeante Öldürme Beni hasta clásicos en su catálogo como Maçka Yolları o Yali Yali mismamente. Altin Gün supo mantener el ritmo. Su interpretación de Çiçekler Ekiliyor de Neşet Ertaş fue uno de los momentos culminantes siendo quizás una de sus canciones más bailables, invitando al personal a dejarse llevar por la euforia colectiva y el regocijo que transmitía el momento.
Todos los asistentes, desde los oyentes de mediana edad de Radio3 hasta las parejas jóvenes y grupos de amigos estudiantes, estaban apiñados unos junto a otros; parecía que los holandeses tenían el poder de hechizar y lograr hacer bailar a todos, incluso a aquellos que al principio se mostraban algo más reacios. Y aunque las canciones fueran interpretadas en turco, un idioma que desconozco, yo pude llegar a sentir una conexión bien genuina con estos temas, invitando a todos a dejar de lado nuestras fronteras y nuestros límites imaginarios para simplemente entregarnos al poder unificador de la música. Maravilloso concierto si me preguntan.













