Festival Atlantic Fest

Por Elena Núñez @jelenpritchard

El Atlantic Fest cerró el pasado fin de semana una exitosa décima edición en la que continuó consolidándose como una de las propuestas más interesantes para los amantes de la música alternativa en Galicia. Con diez años de historia a las espaldas y tras varios cambios de ubicación, pero con una identidad estable y ya más que reconocible, la playa de la Concha de Vilagarcía de Arousa volvió a ofrecer dos jornadas de directos impecables ante un público fiel y agradecido. Todo ello marcado por una organización que, como también viene siendo la tónica habitual, destaca por su buen hacer y su cuidado en un panorama festivalero que tiende a apostar cada vez más por la masificación a cualquier precio.

Lo cierto es que el escenario natural mantuvo una afluencia notable en prácticamente todo momento, incluso en los horarios menos agradecidos para dos días en los que apretó el calor. La tarea inaugural la desempeñaron los groveiros Nadadora, que dejaron las primeras notas de indie pop del fin de semana como parte de su regreso a los escenarios 13 años después de su separación. La playa arousana tuvo como aperitivo los acordes frescos de Mañana y Siempre (2025), su nuevo EP que renueva el sonido de sus últimos años, ante un atardecer que iba sentando la atmósfera para el resto de la noche.

Triángulo de Amor Bizarro recogieron el testigo para continuar con la reseñable representación de la escena alternativa gallega en el festival. Ofrecieron un bolo enérgico, deshaciéndose en los vítores de un público local ya entregado para ser la segunda actuación del horario, y que coreó con ganas las conocidas Asmr para Ti o Vigilantes del Espejo, que completaron un setlist protagonizado por su último disco Mi Catedral (2026).

Llegaba entonces uno de los platos fuertes del cartel. Los Carolina Durante montaron su oficina amarilla sobre el escenario para poner en pie a un Atlantic en el que ya no cabía un alfiler, y que los recibió con entusiasmo. Las primeras filas lo dieron todo con cada tema del exitosísimo Elige tu Propia Aventura (2025), pero disfrutando especialmente los guiños a los inicios de la banda que el repertorio tampoco olvidaba. Fue con Las Canciones de Juanita, que alguna generación ya podría calificar de himno propio, cuando Diego Ibáñez ya había conseguido hacer bailar hasta al fondo de la praia da Concha, lanzándose él mismo a surfear sobre el público como colofón de un show que obligaba a parar a coger aire.

El cierre de la primera jornada corrió a cargo de los norirlandeses Two Door Cinema Club, que visitaban Vilagarcía en esta ocasión como parte del tour aniversario del mitiquísimo Tourist History (2010). Y si acababa de ser el turno de los Z, el sector millennial de los asistentes pudo disfrutar de un Alex Trimble espectacular y que hizo brillar a toda su banda con un directo impecable. This is the Life, Undercover Martyn o por supuesto la ineludible What You Know pusieron banda sonora a los minutos finales de un viernes que terminaba con la miel en los labios.

El sábado, sin embargo, prometía una jornada aún más maratoniana. Alonso abría el cartel nada menos que a las dos de la tarde, a pleno sol pero ante una masa de público notable y con ganas de dar una oportunidad a un proyecto que él mismo definió como emergente. El ex Napoleón Solo calentó el ambiente para Nacho Vegas, que desplegó sus Vidas Semipreciosas (2026) en un caluroso mediodía. Y aunque el asturiano podría haber padecido el horario, lo cierto es que no pudo beneficiarle más: la luz de un cielo despejado fue el mejor complemento para acentuar las tonalidades esperanzadoras de sus nuevos temas, y también la gente asistió a la llamada con un entrega muy agradecida. Para su deleite, Abraham Boba apareció para cerrar el bolo con un pico de energía en La pena o la nada, balada rabiosa que ya habían interpretado juntos en la visita del de Xixón a la Capitol santiaguesa unos meses atrás.

La tarde continuó con las propuestas de Depresión Sonora primero y Shame después, dos de las opciones quizá más oscuras del cartel, pero igualmente vitoreadas por un público que seguía resistiendo las exigencias térmicas.

Los británicos dieron paso a otro de los grandes nombres del día, que recuperaba el acento gallego. La palloza de Carlos Ares ocupó entonces el escenario para que el coruñés se irguiese en uno de los artistas del momento, con un gran directo como argumento: una banda completísima acompañaba los temas de los dos admirables discos de su carrera y daba a los asistentes exactamente lo que pedían en cada momento. Los últimos rayos de sol, ahora sí, pusieron todavía más color a un bolo reluciente y probablemente de los favoritos de la jornada, que sin duda confirman a Ares como el presente y futuro no tan lejano de nuestra música.

Tampoco en el décimo aniversario del Atlantic se ausentaron Los Planetas, abonados a prácticamente todas las ediciones del festival bien en su formación completa o bien de la mano de Jota o Florent en solitario. Los granadinos tampoco fallaron y contentaron a sus fieles con un setlist especial y diferente al que venían proponiendo este 2026, que incluyó joyas menos escuchadas en directo como La caja del diablo o una versión de Alegrías de Graná con David Montañés al piano. Para terminar, y después de un breve receso, la batería de Eric marcaba el tempo para que los andaluces se fueran De Viaje después de lo que las primeras filas sintieron como una experiencia casi religiosa que unió en comunión, esta vez, a varias generaciones.

El cierre de esta segunda jornada, como no podía ser de otra manera, llegó entonces de la mano de los escoceses, y españoles de adopción dada su presencia festivalera cada verano, Franz Ferdinand. Todos los asistentes sabían a lo que iban, y Alex Kapranos no defraudó, haciendo de auténtico maestro de ceremonias para poner el broche de oro a otro sábado lleno de himnos.

Como también venía haciendo el evento en sus últimas ediciones, este décimo Atlantic tuvo un breve epílogo el domingo por la mañana, con unos Aiko el Grupo y Joe Crepúsculo que pusieron las últimas notas indie a la hora del vermú para quienes todavía se habían quedado con ganas de más.

Así, con esta conjugación perfecta entre apuestas cercanas y extranjeras, tótems del género y caras nuevas, el festival arousano cerró su primera década con otra edición para el recuerdo, alabada por muchos de los artistas participantes y, de seguro, capaz de fidelizar un año más a ese público que busca la calidad conocida entre la amplia oferta festivalera.

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