La noche del 14 de marzo en la Sala Inn la banda Miss Caffeina aterrizaba en formato “pocket” para presentar “Buena Suerte” (Warner, 2025) un disco vertebrado en torno a las fases del duelo tras una ruptura, y lo hizo con un set de hora y media que supo equilibrar intensidad emocional bajo la producción de Pablo Rouss.
Desde el arranque, el concierto se movió entre los códigos del electro-indie:sintetizadores envolventes, bases programadas y guitarras con delays atmosféricos, sin prescindir de la narrativa íntima y visceral que articula el álbum.
Temas como “Buena Suerte” o “Contacto cero” funcionaron como picos de energía, con un groove contagioso que conectó rápido con el público. Sobre el escenario los componentes de la banda: Alberto Jiménez (voz), Sergio Sastre (teclados, sintetizadores y guitarra) y Antonio Poza (bajo), la familia ha crecido sumando tres bailarines: Maggie, Davo y María, a quienes la banda conoció en el entorno del Benidorm Fest. Sin olvidarnos de Nacho (batería) y Fede (músico de apoyo en la base electrónica)
Entre canción y canción, Alberto recordó su paso por el Morriña Fest y confesó los retos técnicos de adaptar un show concebido para recintos mayores. Aun así, esta versión reducida no restó impacto y potenció el carácter cercano y emocional del directo.
El diseño de luces, preciso y narrativo, acompañó cada clímax y cada transición dinámica, mientras que una de las propuestas más llamativas fue la grabación en directo con una GoPro moviéndose entre bailarines y público, generando una sensación inmersiva y documental.
En el setlist también hubo espacio para cortes como “Intemperie” o “Argumento de mierda”, este último dedicado a las relaciones marcadas por el narcisismo. El concierto alcanzó uno de sus puntos más íntimos en el tramo acústico: Alberto subido a un trono junto a Sergio al piano, desnudó el sonido en “Eres agua», demostrando control del fraseo, matices dinámicos y una técnica vocal que se mueve con solvencia.
La nostalgia apareció al recordar que algunas canciones ya tienen más de 16 años, transformándose con quienes las escuchan.
Ese hilo emocional desembocó en “Me voy”, convertida en un canto liberador sobre marcharse de donde uno no es bien recibido. A partir de ahí, el set recuperó músculo con una “Merlí” más rockera, y “Mira como vuelo”, antes de encarar la recta final con historias de desamor que, lejos de quedarse en la herida, apuntan a la reconstrucción y a la aceptación rompiendo la idea del amor romántico “Para toda la vida”.
Miss Caffeina demostró que la evolución sonora no está reñida con la identidad. Una banda consolidada dentro del panorama musical que ha pasado por diferentes etapas musicales, ha sabido reconstruirse y plasmar emoción y contemporaneidad en formato reducido pero haciendo un gran show.













