Anoche en la sala Inn Club de A Coruña, Tregua volvió a demostrar por qué el rock sigue teniendo sentido cuando se canta con verdad. Era evidente que jugaban en casa, pero lo que se vivió fue algo especial con el reencuentro entre una banda en plena madurez y un público que ya los siente como parte de su historia.
Desde el primer tema, el concierto avanzó sin respiro, hilando canciones nuevas con clásicos de su repertorio como «Miénteme», «Adicto», «A Largo Plazo» o «Uña y Carne». Cada estrofa parecía resumir el camino recorrido, años de carretera, experiencias que se convierten en letras y esa mezcla de nostalgia y futuro que solo el rock sabe contar.
Mario se encargó de ponerle voz y cara al sentimiento general, transmitiendo la seguridad de un frontman que no necesita artificios. Y que decir del resto de la banda, Adrián Torreira e Iván Aguado a las guitarras arrancando riffs poderosos y repartiéndose los solos, David Ruíz impresionante al bajo y marcando el ritmo la batería de Miguel Vieites, bandaza de lujo.
Hubo momentos íntimos, como esos temas que se cantan hacia dentro, y otros abiertamente celebratorios, con la sala entregada y los estribillos viajando de un lado a otro del público. La lista de canciones desplegó emoción, energía y una identidad clara, que bebe de clásicos del rock estatal sin dejar de sonar a presente. Porque Tregua no imita, dialoga con esa tradición para construir su propio relato.
Entre el entusiasmo de los asistentes, el buen rollo sobre el escenario y ese ritual de dejar mensajes en su libro de gira, quedó claro que más que un concierto vivimos una reunión con sentido. Un recordatorio de que hay bandas que no necesitan postureo para conectar: solo canciones honestas y una actitud directa.
A Coruña los vio crecer. Ayer simplemente confirmó que siguen avanzando… y que todavía les queda mucho que contar.













